Guadalajara 02. Ruta de los pantanos hasta Medinaceli

Esta ruta de trail (tierra y asfalto) es larga. La he hecho en verano, comenzando a las 06.00h y llegando a casa a las 16.00h; pero es una ruta pensada para comer por el camino, o en el propio Medinaceil (que es un pueblo realmente precioso).

ITINERARIO:

Pozuelo – Colmenar Viejo – San Agustín de Guadalix – El Vellón – Torrelaguna – Patones – Valdepeñas de la Sierra – Tortuero – Valdesoto – El Vado – Retiendas – La Mierla – Beleña de Sorbe – Cogolludo – Monasterio – Embalse de Alcorlo – Embalse de Pálmaces – Pálmaces de Jadraque – Santiuste – Embalse del Atance – Palazuelos – Olmedo de Jadraque – Salinas de Imón – Riba de Santiuste – Medinaceli – Pozuelo (por A-2)

(carreteras y pistas forestales)

TOTAL:

420 kms. 7h en movimiento.

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CRÓNICA:

Llevaba tiempo dándole vueltas a esta ruta, así que no era cuestión de dejarlo más. Ya había tanteado los caminos el fin de semana anterior, así que esta vez iba a ir sobre seguro y sólo innovaría en la parte final (entre Imón y Medinaceli). Tampoco tenía ganas de parar a hacer fotos, más bien se trataba de cumplir el objetivo de hacer una ruta de más de 400 kms por carretera y pista en una mañana larga, y ver cómo se comportaba la moto. Como pensaba darle caña, le quité las maletas. Sin duda, un acierto; porque no se puede llevar ese exceso de peso en la parte trasera cuando se quiere ir rápido por campo.

Presentación1Quería tener margen de maniobra para imprevistos, y salí un poco antes de lo normal. Eran las seis menos algo cuando me incorporaba a la A6 para iniciar la ruta. Esta vez llevaba música como acompañante.

Suele gustarme tomar un café en Torrelaguna siempre que hago rutas por esta zona… pero ¿dónde? A estas horas iba a ser difícil encontrar algo abierto. La suerte me acompañó ese día y un pequeño bar recién abierto me pudo ofrecer esa taza; eso sí, no de muy buena gana. A esas hora, creo que era perdonable; así que fui todo lo simpático que pude.

El camino de Patones a El Vado ya lo conocía, así que no le di tregua a la moto. Pocas fotos y mucha caña; y disfruté de las malas carreteras, de la vega del Jarama, y de las pistas nada más entrar en la provincia de Guadalajara.

El sol ya había comenzado a levantarse en el Vado; serían las ocho u ocho y media. La posición era perfecta para hacer alguna foto de contraluz, y el momento el adecuado para tomarme un descanso. ¡Qué rico el cafetito del termo!

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Al otro lado de la presa del Vado tomé la carretera hacia Retiendas. Esta vez no habría tiempo de caminar para visitar el monasterio de Bonaval (hay que caminar unos 2 kms al cruzar el puente que hay justo antes de llegar al pueblo). Es una preciosidad y una pena que se encuentre en ese pésimo estado de conservación. Para una excursión de día completo, sin duda recomiendo bajarse de la moto y acercarse.

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El siguiente embalse es el de Beleña, que obligatoriamente se debe rodear por carretera y que tiene la carretera de la presa cortada. Por eso, un poco antes de la presa, hay que tomar la pista que se dirige a Beleña de Sorbe pero al otro lado del río… la imagen es espectacular e inesperada; no se puede dejar de ver el puente romano, que no se puede cruzar porque la subida desde ahí al pueblo es demasiado complicada para una trail pesada. La solución la encuentro más adelante, en forma de puente con vayas, para que no accedan los coches. Los cilindros caben justitos… pero pedo pasar. Ahora sí, me acerqué al pueblo.

Si tenéis ocasión de encontrar a la ancianita que cuida de la Iglesia, no podéis dejar de pedirle que os la enseñe. Es increíble lo bonita que es, teniendo en cuenta el lugar en el que se encuentra. Y es que nuestro pasado fue rural, y no hace mucho tiempo esta zona debió de ser una plaza importante en la Reconquista.

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Por carretera poco transitada y bien asfaltada llegué a Cogolludo, conocido pueblo de la provincia de Guadalajara en el que no se puede quedar uno en la plaza de siempre; sino que ya que tenemos moto y callejeamos bien debemos subir hasta el castillo (en ruinas) y la iglesia. La vista desde allí es muy bonita, y ahora además ofrece una triste perspectiva de la zona recientemente quemada.

De nuevo en ruta, subimos hacia Monasterio. ¡Cómo me cuesta encontrar el camino! Finalmente, acabo bajando por un pequeño terraplén voy directo a la pista. Problema solucionado.

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De nuevo en ruta, por camino primero y carretera después, llego al embalse de Alcorlo; que debe rodearse obligatoriamente por carretera. La zona de la presa, bien merece una parada y una foto.

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No mucho más adelante, abandono de nuevo la carretera y por tierra sigo hasta el próximo pantano. El camino serpentea bastante y alterna alguna que otra piedra suelta y alguna zona arenosa. Tras atravesar una cantera, enfilo la bajada y… allí está: el embalse de Pálmaces. No es grande pero el cambio de paisaje es increíble; la presa adoquinada, las paredes de piedra, los buitres sobrevolando la zona. Otra gran sorpresa de la ruta. Comienzo a preguntarme cómo es posible que con tantos años de afición motera todavía no conociera esta zona, que no dista tanto de la capital española.

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El camino sigue por campos de labor y la pista es rápida así que sin mucho problema continúo hacia el siguiente y último embalse. El paisaje ha cambiado, y se nota que me adentro en tierras sorianas. El terreno se vuelve mucho más pedregoso, se alternan las paredes rocosas y las ruinas de viejos castillos. La moto se comporta perfectamente, aunque se echa de menos un mejor sistema de amortiguación. Supongo que no se puede tener todo… y las sensaciones que transmite mi experimentada GS al conducirla son muy nobles. Ni siquiera me entra la más mínima duda de que no es la compañera de aventuras que quiero tener.

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Comienza la última parte de la ruta, y me sigo dirigiendo hacia el noreste. Por si no había disfrutado suficiente de la variedad de paisajes, me encuentro de repente con una enorme cruz de madera en lo alto de una loma. La ruta del GPS sigue recta… pero dudo. El camino que va por la derecha aparenta mucho mejor, sin embargo estoy cómo. Adelante con la bajada pedregosa y estrecha. La verdad es que ahora pienso que quizá no debía haberme metido; pero el resultado fue positivo. No obstante, me pregunto: ¿qué significará esa enorme cruz?

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Al entrar en Palazuelos tuve que bajarme de la moto. El cartel de la entrada da la bienvenida al viajero con una pequeña historia del pueblo y la llamada de atención de que estoy en uno de los puntos de la denominada Ruta del Cid. La minúscula plaza fuerte es todo arquitectura: rodeado por una muralla, tres puertas con sus escudos permiten el acceso al pueblo en el que tan sólo hay un bar en la plaza y un pequeño castillo/torre en la zona ; está completamente restaurada y no sé si es una residencia particular o un establecimento hotelero. Pero, dese luego, debe ser un lugar mágico a la luz de la luna.

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Comienzo a estar cansado, son ya muchos kilómetros. Echo una ojeada al rutómetro y me quedan por delante los últimos kilómetros de pista, hasta las salinas de Imón. La orografía del terreno se ve bastante plana, así que no creo que se me presenten problemas. El camino transcurre serpenteando por pistas de labor, en esta época plantadas de preciosos girasoles que se encuentran en su momento más esplendoroso. Al cabo de unos kilómetros por la pista, que por lo que veo coincide con el Camino de Santiago, llego a la primera salina; pone “propiedad privada” y debo presumir que se encuentra todavía en explotación. No vale la pena detenerse en ésta, porque las de Imón son mucho más grandes y llamativas. Aquí sí que vale la pena una buena instantánea también.

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Miro el reloj y veo que voy bien de tiempo. ¡Perfecto! Ya no hay más tierra, por lo que el riesgo de caída por campo ya se ha terminado. Eso no significa que pueda relajarme… la carretera es muy pequeña y en algunos tramos está muy mal asfaltada. Curveando disfruto como un niño pequeño que siente que en poco tiempo habrá conseguido su objetivo; el paisaje me acompaña: tierras de labor que contrastan con las paredes rocosas del fondo, pequeñas ermitas semiderruidas, castillos de cuento. Me dirijo al Este, y en algún momento veré ese ansiado arco que será mi triunfo particular.

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Entro en Medinaceli. El pueblo es espectacular. Completamente restaurado con detalle, destaca por sus casas de piedra, balcones floreados, la iglesia (hay que pagar para entrar), la típica tienda de recuerdos… Pero yo me quedo con la foto del Arco del Triunfo y con las migas que me cocina una paisana en un pequeño pero precioso bar-restaurante, que está al margen del grueso de turistas.

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Sin duda, una gran excursión. Lo suyo no es hacerla en una mañana, sino en un día entero; aprovechando para comer en Medinaceli o en Sigüenza (camino de retorno). La vuelta por autovía es monótona, pero me permite dejar volar la imaginación pensando en cómo escribir esta crónica, y en cuál será el próximo destino.

Guadalajara 01. El Vado y el Atazar.

Esta será la primera de una serie de rutas que voy a hacer por la provincia de Guadalajara; y, más específicamente, por la Sierra Norte.

Como siempre, la he trazado con el Garmin y la he programado para salir prontito (a eso de las 06.30h) y volver a comer a casa tarde (sobre las 15.00h). Con una perfecta combinación de carreteras secundarias, terciarias y pistas forestales… todo en un perfecto cocktail especiado con el mejor paisaje.

ITINERARIO:

Pozuelo – Colmenar Viejo – San Agustín de Guadalix – El Vellón – Torrelaguna – Valdepeñas de la Sierra – Tortuero – El Vado – La Vereda – La Hiruela – Puebla de la Sierra – El Atazar – Viñuelas – El Cásar – Pozuelo.

(carreteras terciarias y pistas forestales)

TOTAL:

287 kms. Tiempo en movimiento invertido: 04:41m

CRÓNICA: 

Me gusta salir antes del amanecer y ver salir el sol. Además, eso me asegura que podré disfrutar de la ruta sin prisas. Gran parte del camino (fundamentalmente el principio) es dirección Este, por lo que el sol estaba enfrente; con el inconveniente que eso significa para la fotografía y la filmación. La verdad, es que de esto me di cuenta al descargar las tarjetas de memoria.

El primer tramo es el de la carretera de Colmenar, tantas veces recorrido. La autovía es rápida, pero sé que debo tener cuidado por los radares. Esta vez no subiría hasta Miraflores, como siempre hago; sino que me dirijo a San Agustín de Guadalix por una carretera secundaria, bien asfaltada, que a estas horas de la mañana apenas tiene tráfico. Y luego por la A-1 hasta la salida a El Vellón, para minimizar la autovía. La carretera sigue siendo secundaria y apenas tiene coches, así que sigo disfrutando… Ahora sí comienza a salir el sol, con su color anaranjado. Aprovecho la gasolinera de Torrelaguna para repostar y así olvidarme del combustible el resto de la ruta.

Tengo ganas de pasar Patones de Abajo porque un poco más adelante comenzará la primera carretera terciaria… aaaiiinnnsss, ¡qué ganas!

 La vertiente sur de la llamada Sierra Pobre (Patones) está llena de pequeñas construcciones del Canal de Isabel II, que son apoyo para las conducciones de agua. Es fácil encontrar presas, puentes y conducciones de agua que sortean los cortados de piedra. 

Una vez que comienzas a entrar en la Sierra Norte, la vegetación se incrementa y las carreteras se vuelven retorcidas. El asfalto está roto y el piso cubierto de polvo; lo que obliga a extremar las precauciones. El paisaje no deja de sorprenderme detrás de cada curva: hay mucha más vegetación de lo que pensaba, y mucha más agua. Por fin, el asfalto desaparece y comienza la pista… se dirige al Norte; buena dirección.

 Tortuero es un pequeñísimo pueblo que me sorprende: por su Iglesia completamente restaurada, la plaza con su fuente y el arco escondido tras la vegetación a la salida de la localidad, también por una pista forestal. 

 A continuación disfruté de una de las partes más bonitas del recorrido, por el tipo de pista (que se complicó bastante), por el paisaje y por la propia naturaleza. Pero me encontré en uno de esos momentos en los que realidad y camino de mapa no coinciden… y hacer caso al GPS se convertía en una opción arriesgada con una moto de 250 kg. Conclusión: hacer caso al sentido común y buscar un alternativa. En momentos como este te das cuenta de que el mapa topográfico de papel es una herramienta insustituible; porque te permite ver la zona con una perspectiva y una dimensión lo suficientemente grande como para saber qué debes hacer. Y olvidarte de la pantalla de 4″ del GPS, que no te deja ver casi nada sin perder tu referencia.

Con mucha atención porque la pista era complicada, terminé en la preciosa carretera que te lleva a Valdesotos y, un poco antes del pueblo, a una vieja y pequeña pista asfaltada del Canal (permitida) que finaliza en El Vado. Este tramo es también único. La llegada al pantano bien merece un momento de tranquilidad.

 Quería más Norte y más pista. A estas alturas del recorrido estaba ya disfrutando como un niño pequeño y no quería parar. Así que… ¡GAS! El GPS pronosticaba un buen trecho de pista hasta la próxima carretera.

 Mientras pensaba que por delante sólo tenía bosques, piedras, caminos y riachuelos, me llevé una magnífica sorpresa. ¿Qué es eso de encima de las rocas? ¿Un poblado? Efectivamente. Así, de repente, y sin que apareciera en los mapas, me encontré con uno de los mejores poblados de arquitectura negra que he visto; sin contaminación de otro tipo de construcción moderna. Se trata de La Vereda. Al parecer, una asociación se ha encargado de reconstruirlo poco a poco. Eso sí no tiene ni agua ni luz eléctrica, pero… ¿realmente hace falta? Por cosas como ésta me encanta la provincia de Guadalajara Norte.

 Ahora sí que estaba en la gloria “trailera”. A esta ruta no le podía pedir más… y sin embargo, continuó dándomelo. Tras unos cuantos kilómetros de tierra, cogí el tramo de asfalto que me conduciría a El Atazar. Curvas, curvas y más curvas… carreteras pequeñas que me cruzaban sólo con algún motero como yo, y que anticipaban que comenzaba el retorno a la urbe. Acantilados, ríos, buitres… Hasta la placita de El Atazar, en la que sentado al sol me permití el “descanso del guerrero” con media ración de migas y una Coca-Cola.

Cansado tras cinco horas de moto y satisfecho por la pedazo de ruta que había descubierto, ya solo quedaba volver a casa.

Ruta La Morcuera – Navafría – Valle del Pirón

Con Africana lista en el garaje y pidiendo guerra, tenía ya que salir a hacer una ruta trail… no podía seguir esperando. El primer tanteo lo he hecho por carreteras comarcales; en realidad, 300 kms de carreteras comarcales entre Madrid y Gredos. Y estoy encantado con la moto. Pero ya tocaba guerra… y qué mejor batalla que una ruta de Wikiloc (no habia tiempo para preparar nada) un poco adaptada para hacer su salida desde Madrid. Llevaba los dos ingredientes fundamentales: ganas y moto.

La primera parte del itinerario era por carretera: Pozuelo – Miraflores de la Sierra – Pto de la Morcuera (hace tiempo que no lo tomaba, porque me dejaba caer por el de Canencia) – Rascafría.

El día parecía que iba a ser bueno, pero había que esperar a que levantara un poco; y el puerto se hizo bastante frío. Me levanté a las 06,30 y a las 7,00 ya estaba en ruta. Conducir viendo amanecer es una sensación que me gusta; pero hay que tener claro que la diferencia entre la mañana y el mediodía será grande. Así que lo mejor es llevar el equipo adecuado para cada momento.

Tras coronar La Morcuera, con su preciosa vista hacia Madrid, la carretera comienza a descender levemente atravesando el Valle de Lozoya; combinando praderas, algo de bosque y risco, y serpenteando junto pequeños riachuelos.

Aunque iba abrigado, ya comenzaba a tener bastante frío. Quedaba poco para Rascafría, y allí correspondería cuidar al cuerpo dándole un cafetito caliente con un pequeño desayuno. Así entraría en calor. Siempre paro en el mismo bar. Desde la misma plaza de Rascafría se toma una pequeña carretera que sube por el puerto de Navafría y atraviesa la Sierra comunicando la Provincia de Madrid con la de Segovia. Al llegar a lo alto dejamos atrás el cartel de Comunidad de Madrid, con lo que ello significa: bye, bye prohibición genérica de pisar pistas. Africana comienza a relinchar con el aroma a campo…

Esta carretera termina en la N-110, que une Ávila con Soria, pasando por Segovia. Es la carretera de conocidos pueblos como Torrecaballeros (donde se disfruta de magníficos asados) o de Prádena (con sus desconocidas pero espectaculares cuevas).

La cruzo y me dirijo un par de kilómetros dirección a Segovia, y allí arranca la pista elegida. Es zona de ganado y praderas, por lo que el terreno está bastante húmedo. Lo mejor para catar las cubiertas que he elegido. Auténtica prueba de fuego. También llevo el GPS Garmin 62 bien conectado a la batería… será el momento de comprobar si falla (se apaga o no). Ya avanzo que ha funcionado perfectamente. Así que sólo puedo decir una cosa: “Yeeeeeeha!” Porque el Garmin 62 para mi es el mejor GPS.

 La parte mala es que al ser zona de ganado, las pistas estaban llenas de puertas que hay que abrir y cerrar. He podido comprobar que casi toda la zona de la falda del monte por la zona segoviana es así. En ocasiones, el camino estaba claramente marcado; en ocasiones, se trataba de una zona verde encharcada donde había que tener mucho cuidado para coger la rodera correcta y evitar cruces de rueda. Pero hay que reconocer que tanto la moto como las cubiertas han respondido a la perfección.

Como la ruta era sorpresa y no la había preparado con el mapa, fui descubriendo la belleza arquitectónica de la zona: una pequeña iglesia aquí, un puente allá… Pero la sorpresa más grande fue cuando me encontré en Sotosalbos. Este pueblo es una auténtica joya del arte románico segoviano. La única decepción fue que habían cerrado el bonito bar de la plaza.

El itinerario coincidió en varios puntos con una nueva ruta turística que han debido hacer que se llama “La Ruta de San Frutos”… y que supongo que terminará en la ermita de este Santo; en el Duratón.

Es curioso ver cómo por aquí, en algunos caminos, los ganaderos han decidido cerrar los caminos con una supuesta puerta de alambre (tan bien atada que no fui capaz de abrir) y dejan el paso por un estrecho paso canadiense para animales, peatones y bicicletas (seguro que no han pensado en las motos). Pero digo yo… ¿y si vas en coche? Supongo que entonces, te jodes. Yo, con los cilindros y las maletas de Africana, pasé justito justito.

La ruta, que estaba siendo espectacular… pero lo mejor estaba por llegar. Tras atravesar Losada de Pirón, el GPS marcaba dirección al río. Conozco ese camino, porque lo he hecho alguna vez con el todo terreno; y, desde luego, es todo menos sencillo. El acceso desde Losada baja por una pista bastante rota, con piedras, roderas y barro. Pero eso no es lo peor: el problema está en que el río corta cuatro veces el camino obligando a los correspondientes vadeos con bastante agua; por no decir mucha. Hice los dos primeros asegurando el terreno y verificado que el suelo estaba duro, pero al llegar al tercero me entró la duda. Y tampoco encontré paso alternativo, porque el puente de madera terminaba en una “T” que la moto no podía pasar.

Tuve suerte porque, en ese momento de duda, llegó un grupo de endureros con sus ktm que cruzaron primero para que viera que el barro inicial no era muy profundo y que la salida de arena en curva podría pasarla bien… y si no, ellos me echarían una mano. Es la confianza que necesitaba para atravesar sin problemas el tercero y cuarto vadeo, en el que los cilindros bóxer estaban incluso sumergidos (lástima que con la tensión no hice fotos).

Ciertamente, estaba cansado. Este tramo me había desgastado bastante, y había invertido mucho tiempo en recorrerlo; así que a la salida, enfilé por la carretera de La Granja hacia Madrid haciendo un alto en Navacerrada, para tomar el último aperitivo antes de llegar a casa. Sería en el Reloj, el restaurante del conocido de un amigo. Y acerté. Media horita más tarde y con la satisfacción de que he terminado una moto fantástica que me va a dar un montón de satisfacciones. He acertado en todo: vehículo y kilómetros, así que… GAS HACIA EL HORIZONTE.

 

Recap sobre dónde estoy

Hace tiempo que no dedico un tiempo al Proyecto “Atardecer Atlántico”, así que voy a hacer un pequeño recap de dónde estoy. Ayer hablé con un amigo sobre esto y resurgió mi ilusión por el reto; que, a decir verdad, con tanto foco laboral había quedado un poco abandonado. 

Tengo vehículo casi listo, solo a falta de algo más de preparación técnica; que por otra parte no es del todo necesaria si no me excedo con el rutómetro. 

Tengo también las etapas del viaje de bajada. Creí que iban a ser más cortas; pero al final son lo que son, y el destino está lejos. 

Día 1: Madrid – Tarifa. 696 kms y 07h34m rodando. Prefiero esta frontera que la de Almería.

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Día 2: Tarifa – Tánger (ferry rápido) – Essaouria. 716 kms y 09h52m rodando

La idea es coger el primer ferry de la mañana y desembarcar lo más pronto en Tánger. A partir de ahí será casi 10 horas de moto; será la etapa más larga de la bajada, pero esta primera parte tiene poco atractivo y mucha autopista. Hay que tener en cuenta que en Marruecos no se puede exceder el límite de velocidad.

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Día 3: Essaouria – Tiznit. 409 kms y 5h59m

Vale la pena pasar un rato de la mañana en esta ciudad, el antiguo Mogador portugués. Y luego partir hacia el destino de etapa con los hito que señalé en el post correspondiente. 

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Día 4: Tiznit – Tarfaya. 585 kms y 7h06m

Comenzamos a acercarnos a la costa y al Sáhara Occidental.

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Día 5: Tarfaya – Dakhla. 624 kms y 7h40m rodando

Por fin llegaremos al punto final del viaje. 

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El paso siguiente es la localización de los lugares de pernocta, combinando hotel y tienda de campaña. Y teniendo especial atención al paisaje y los lugares de interés. Quizá después tenga que modificar un poco las etapas iniciales y ya con eso me quedará el trazado de la ruta real, determinando lo que será carretera y pista. Y, por supuesto, definir la vía de retorno.

“Africana”, casi terminada

Bueno, unos meses más tarde y ya tengo a Africana casi terminada; a falta de fortalecer las botellas delanteras y el amortiguador trasero. Posiblemente, aunque lleva un protector de cárter de serie, le pondré uno más robusto. Los soportes de la navegación ya están instalados; siempre dos (por si acaso, y porque navegando me gusta llevar el mapa en uno y el gps en modo navegación en el otro). El depósito admite 30 litros, por lo que haré -si no aprieto- 400 kms; suficiente. Las maletas son las Krauser originales (que van la leche de bien) y maleta arriba no quiero poner porque rebotará en los baches y acabará rompiendo la parrilla. No es lo mismo un uso trail a mi estilo, con pistas, caminos y zanjas, que un trail de estilo carretera-gran turismo (que no digo que no sea bonito también). En las ruedas he puesto un líquido americano tipo gel (de cuyo nombre quiero acordarme, pero no lo consigo) que evita el deshinflado si pincho; mejor que los muses para esta moto. En carretera serían inviables. 

Las cubiertas han sido otro apartado de mucho pensar. Finalmente he optado por las clásicas Continental TCK 80 de Continental. Siempre han ido bien… ¿para qué inventar otra cosa? Los Enduro Sáhara 3 de Metzeler son demasiado blandos; los Karoo 3 demasiado “modernos” para unas llantas tan estrechas; los MT63 de Michelín, demasiado de enduro… Así que me quedé con los de siempre. Y con ganas de probar los Heidenau K60 Scout. Quizá para la siguiente.

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Marruecos con Sáhara Motor. Día 7

Tras el día de ayer, los moteros ya habíamos alcanzado la gloria. No obstante, quedaba un poquito más hasta llegar al puerto; aunque ya no habría que madrugar. Hay quien prefirió hacer los últimos 150 kms por carretera, pero nosotros quisimos recorrerlos por pista. Esta zona norte yo no la conozco. Y, desde luego, valió la pena.

En primer lugar, tuve ocasión de probar la navegación con el Tripy II… que es facilísima. Es una mezcla entre GPS y Roadbook, todo en formato digital.

Por otra parte, tuve ocasión de recorrer un Marruecos verde, de pistas reviradas y de riachuelos rebosantes de agua; que hasta ahora desconocía.

La ruta de hoy ha sido el perfecto y relajado final para una aventura increíble por Marruecos de la mano de Sáhara Motor.

Ya sólo queda embarcar los vehículos y compartir las últimas horas en el ferry de camino a casa, con los deberes cumplidos y la satisfacción de haber realizado una nueva ruta inédita que ha sido un éxito para los socios de Sáhara Motor.

Marruecos con Sáhara Motor. Día 6

Se acabó la tregua; se acabó el descanso. Los viajes con Sáhara Motor son duros… son para montar en moto sin concesiones. Para llegar donde otros no llegan; para disfrutar al 100%. Después de 5 días de moto que han exigido mucho de nosotros como moteros, Guille nos sorprendió con un rutómetro de 505 kilómetros. De nuevo tendríamos que levantarnos a las 05.30 -hora española- para salir a las 06.30h junto con el sol.  Pero esta vez, tanto nuestras motos como nosotros, llevamos un importante desgaste encima.

¡Qué coño! A la hora prevista estábamos tomando la salida sin protestar, con nuestro camelbag lleno y nuestras dos barritas energéticas. Así somo los moteros.

Aceptamos que no perderemos tiempo ni para fotografías, ni para descansos no necesarios. Estamos cansados y algo doloridos, pero 500 kms de pista son muchos y no queremos hacerlos de noche. Largas y rápidas pistas con el horizonte como línea de fondo son nuestro horizonte durante horas. Es el terreno perfecto para mi moto: es el extenso Reckam.

A nuestro alrededor se suceden los problemas: los utv pinchan, las atv se rompen, unos y otros grupos van teniendo problemas que el coche de asistencia va resolviendo cada vez. Guillermo no para, y encima los surtidores se quedan sin gasolina. Lo que nos obliga a pasar combustible de los depósitos grandes a los pequeños y rellenar los nuestros desde los jerrycans que lleva el Toyota de Sáhara Motor.

Después de comer, alrededor de nuestro habitual picnic, continuamos ruta. Nuestras máquinas van bien y nosotros estamos en forma… pero esta vez le toca a la mía. Tras pasar un oued seco, se me sale la cadena y del latigazo se rompe el cárter. Paro inmediatamente… la moto ya está perdiendo aceite. No pasa nada, Guille se ocupa de ella y en menos de 15 minutos me la deja lista para seguir rodando hacia la meta.

En marcha. ¡¡GAAAASSSSS!! Seguimos y llegamos a Oujda justo al caer el sol. Misión cumplida. Pero antes, un problema más. El cable del embrague dice “basta”, así que tengo que terminar los últimos 10 kms y atravesar la ciudad sin él. Teniendo en cuenta el cansancio, lo arreglaríamos la mañana siguiente.

¡¡Una etapa magnífica, unos compañeros de órdago y una organización de la leche!!