Guadalajara 01. El Vado y el Atazar.

Esta será la primera de una serie de rutas que voy a hacer por la provincia de Guadalajara; y, más específicamente, por la Sierra Norte.

Como siempre, la he trazado con el Garmin y la he programado para salir prontito (a eso de las 06.30h) y volver a comer a casa tarde (sobre las 15.00h). Con una perfecta combinación de carreteras secundarias, terciarias y pistas forestales… todo en un perfecto cocktail especiado con el mejor paisaje.

ITINERARIO:

Pozuelo – Colmenar Viejo – San Agustín de Guadalix – El Vellón – Torrelaguna – Valdepeñas de la Sierra – Tortuero – El Vado – La Vereda – La Hiruela – Puebla de la Sierra – El Atazar – Viñuelas – El Cásar – Pozuelo.

(carreteras terciarias y pistas forestales)

TOTAL:

287 kms. Tiempo en movimiento invertido: 04:41m

CRÓNICA: 

Me gusta salir antes del amanecer y ver salir el sol. Además, eso me asegura que podré disfrutar de la ruta sin prisas. Gran parte del camino (fundamentalmente el principio) es dirección Este, por lo que el sol estaba enfrente; con el inconveniente que eso significa para la fotografía y la filmación. La verdad, es que de esto me di cuenta al descargar las tarjetas de memoria.

El primer tramo es el de la carretera de Colmenar, tantas veces recorrido. La autovía es rápida, pero sé que debo tener cuidado por los radares. Esta vez no subiría hasta Miraflores, como siempre hago; sino que me dirijo a San Agustín de Guadalix por una carretera secundaria, bien asfaltada, que a estas horas de la mañana apenas tiene tráfico. Y luego por la A-1 hasta la salida a El Vellón, para minimizar la autovía. La carretera sigue siendo secundaria y apenas tiene coches, así que sigo disfrutando… Ahora sí comienza a salir el sol, con su color anaranjado. Aprovecho la gasolinera de Torrelaguna para repostar y así olvidarme del combustible el resto de la ruta.

Tengo ganas de pasar Patones de Abajo porque un poco más adelante comenzará la primera carretera terciaria… aaaiiinnnsss, ¡qué ganas!

 La vertiente sur de la llamada Sierra Pobre (Patones) está llena de pequeñas construcciones del Canal de Isabel II, que son apoyo para las conducciones de agua. Es fácil encontrar presas, puentes y conducciones de agua que sortean los cortados de piedra. 

Una vez que comienzas a entrar en la Sierra Norte, la vegetación se incrementa y las carreteras se vuelven retorcidas. El asfalto está roto y el piso cubierto de polvo; lo que obliga a extremar las precauciones. El paisaje no deja de sorprenderme detrás de cada curva: hay mucha más vegetación de lo que pensaba, y mucha más agua. Por fin, el asfalto desaparece y comienza la pista… se dirige al Norte; buena dirección.

 Tortuero es un pequeñísimo pueblo que me sorprende: por su Iglesia completamente restaurada, la plaza con su fuente y el arco escondido tras la vegetación a la salida de la localidad, también por una pista forestal. 

 A continuación disfruté de una de las partes más bonitas del recorrido, por el tipo de pista (que se complicó bastante), por el paisaje y por la propia naturaleza. Pero me encontré en uno de esos momentos en los que realidad y camino de mapa no coinciden… y hacer caso al GPS se convertía en una opción arriesgada con una moto de 250 kg. Conclusión: hacer caso al sentido común y buscar un alternativa. En momentos como este te das cuenta de que el mapa topográfico de papel es una herramienta insustituible; porque te permite ver la zona con una perspectiva y una dimensión lo suficientemente grande como para saber qué debes hacer. Y olvidarte de la pantalla de 4″ del GPS, que no te deja ver casi nada sin perder tu referencia.

Con mucha atención porque la pista era complicada, terminé en la preciosa carretera que te lleva a Valdesotos y, un poco antes del pueblo, a una vieja y pequeña pista asfaltada del Canal (permitida) que finaliza en El Vado. Este tramo es también único. La llegada al pantano bien merece un momento de tranquilidad.

 Quería más Norte y más pista. A estas alturas del recorrido estaba ya disfrutando como un niño pequeño y no quería parar. Así que… ¡GAS! El GPS pronosticaba un buen trecho de pista hasta la próxima carretera.

 Mientras pensaba que por delante sólo tenía bosques, piedras, caminos y riachuelos, me llevé una magnífica sorpresa. ¿Qué es eso de encima de las rocas? ¿Un poblado? Efectivamente. Así, de repente, y sin que apareciera en los mapas, me encontré con uno de los mejores poblados de arquitectura negra que he visto; sin contaminación de otro tipo de construcción moderna. Se trata de La Vereda. Al parecer, una asociación se ha encargado de reconstruirlo poco a poco. Eso sí no tiene ni agua ni luz eléctrica, pero… ¿realmente hace falta? Por cosas como ésta me encanta la provincia de Guadalajara Norte.

 Ahora sí que estaba en la gloria “trailera”. A esta ruta no le podía pedir más… y sin embargo, continuó dándomelo. Tras unos cuantos kilómetros de tierra, cogí el tramo de asfalto que me conduciría a El Atazar. Curvas, curvas y más curvas… carreteras pequeñas que me cruzaban sólo con algún motero como yo, y que anticipaban que comenzaba el retorno a la urbe. Acantilados, ríos, buitres… Hasta la placita de El Atazar, en la que sentado al sol me permití el “descanso del guerrero” con media ración de migas y una Coca-Cola.

Cansado tras cinco horas de moto y satisfecho por la pedazo de ruta que había descubierto, ya solo quedaba volver a casa.

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